Reflexión
Cristiana

PROMESAS


Un cristiano de recto andar no hace promesas que no pueda cumplir, se puede tardar por dificultades ajenas a su voluntad en consumar su compromiso, pero la palabra empeñada la cumple.

Desde siempre el hombre a realizado pactos. La promesa o “palabra” ha sido utilizado para intercambiar bienes, para sellar compromisos y para rubricar un convenio sentimental. Para ello se realizan contratos escritos o simplemente se da la palabra.

La Biblia relata que después del diluvio Dios le prometió a Noé que nunca más iba a destruir la tierra con agua y como señal del compromiso puso el arco iris en el cielo.

En la actualidad se firman contratos escritos para casi todos los negocios: vender, comprar, representar, arrendar, entre otras muchas otras cosas. Sin embargo, también se hacen pactos en los que solo se da como garantía la palabra, con la confianza plena en la buena fe y decencia del otro, como hacían nuestros abuelos y bisabuelos, como se hace aún en los pueblos pequeños, como se hace también entre amigos, como se hace muchas veces en el amor.

En esta sociedad del siglo XXI el valor de la palabra ha ido perdiendo su valor. Y no sólo de la promesa hecha verbalmente, sino de la escrita y de cualquiera otro medio.

La Biblia nos alerta cual debe ser el comportamiento de un cristiano recto:

“En toda labor hay fruto, más las vanas palabras de los labios empobrecen” Proverbios 14:23